El estrés no es siempre algo malo. Puede ser muy útil para producir una explosión de energía y concentración como cuando uno juega un deporte competitivo, o tiene que hablar en público. Pero cuando continúa, con lo que la mayoría de nosotros enfrenta día a día, esto, en realidad, empieza a cambiar nuestro cerebro. El estrés crónico, como tener exceso de trabajo o discusiones en casa, puede afectar el tamaño del cerebro, su estructura, y cómo funciona, hasta el nivel de los genes.