La adopción ofrece a un menor que no puede permanecer con su familia de origen, la posibilidad de vivir una experiencia familiar estable. Pero, en el proceso de integración de estos menores, entran en juego otros contextos diferentes de la familia. Uno de los más importantes es la escuela.
El menor adoptado se encuentra con un doble reto en su escolarización, pues a la necesidad de adaptarse a un nuevo entorno y de establecer nuevos vínculos afectivos, suma, como cualquier otro alumno, el progreso en la adquisición de nuevos conocimientos y en su proceso de socialización.
En este empeño, el menor tendrá que enfrentarse a obstáculos específicos en su integración escolar que se manifiestan tanto en el rendimiento académico, como en las relaciones con compañeros y profesores y en su comportamiento.
La investigación ha señalado que, en general, los adoptados, tanto si son de adopción nacional como internacional, al compararlos con sus iguales en la escuela, tienden a presentar mayores retrasos en su rendimiento escolar y en las habilidades lingüísticas, y a desarrollar problemas de aprendizaje. En aquellos estudios en los que se comparan adoptados nacionales e internacionales, los adoptados internacionales suelen presentar peores logros que los adoptados en el propio país.
En el estudio de las variables implicadas en la integración escolar, la edad a la que fueron adoptados los menores es la variable que más consistentemente se ha relacionado con un aumento en las dificultades. La principal razón de su influencia es que los niños adoptados en una edad más avanzada, a menudo han estado expuestos a una variedad de factores negativos antes de la adopción por un periodo de tiempo más largo que los adoptados en la infancia.
También son numerosos los trabajos que señalan la institucionalización tras la separación de los menores de su entorno original como un factor de riesgo importante con consecuencias negativas para el desarrollo psicosocial de los niños. El tiempo que pasaron en las instituciones, correlaciona negativamente con las puntuaciones del rendimiento intelectual, los problemas conductuales y sociales, y con el apego inseguro.
Por otra parte, los problemas escolares a menudo son vividos por los padres como un termómetro de la adaptación de sus hijos tras la adopción, y afectan a su satisfacción con la adopción y, en consonancia, a la convivencia familiar.


