Cuento: El viaje en busca del Lago Felicidad

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Un rico heredero era profundamente infeliz, tenía toda clase de lujos y comodidades, una enorme mansión y hermosos jardines, una docena de sirvientes y varios cocineros, un entrenador personal y varios asistentes que hacían su vida fácil y cómoda. Sus padres eran ricos magnates, y también le habían dejado en herencia una colección de coches deportivos, un barco y hasta un avión. Pero este hombre, a pesar de todo esto se sentía desdichado casi todo el tiempo.

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Un día, paseando por su inmenso jardín se encontró con un hombre mayor, con ropas muy usadas pero dignamente vestido, su cara estaba curtida por el sol y surcada por numerosas arrugas y alguna que otra cicatriz, pero aun así tenia una expresión calmada y serena, todo ello dominado por una mirada cálida y acogedora. “Será el nuevo jardinero”, pensó, y lo saludó, el hombre le devolvió el saludo y le dijo:

– Buenos días señor, no he podido evitar fijarme en su cara, refleja mucha tristeza…, ¿Puedo hacer algo para ayudarle?

– Tiene usted razón, realmente me siento muy triste, solo y fuera de lugar… a pesar de todo lo que tengo nada de estas cosas llenan mi vida por completo, noto un enorme vacío, busco y busco y no encuentro mi sitio…Pero me temo que no es algo en lo que me pueda ayudar, gracias de todas maneras, dijo aún más triste.

– Siento mucho su situación señor, imagino que debe ser difícil sentirse de esa manera, aunque si usted quiere, puedo proponerle algo que tal vez cambie esto…

– Adelante, le escucho, dijo el rico heredero un tanto sorprendido

– Alguien del que conozco, allá en el pueblo, mientras charlábamos una noche sobre la felicidad, me dio un misterioso mapa, y me aseguró que siguiendo las indicaciones en el sitio que se marca al final se encuentra un lugar casi secreto donde se encuentra el Lago Felicidad, y que con solo bañarte en él alcanzas este sentimiento, sin tener que hacer nada más. Yo me encuentro bien, de modo que viendo su estado, si usted lo quiere, se lo doy.

– No creo mucho en estas cosas, dijo el heredero con una mueca de incredulidad, pero supongo que no tengo nada que perder. De modo que lo acepto y se lo agradezco, si soy capaz de llegar a este sitio, ¡le recompensaré generosamente!

Cogió el mapa y se fue, escéptico pero a la vez esperanzado,  alcanzar la felicidad!!!! sería eso posible?

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Al día siguiente el heredero comenzó a preparar el viaje, el sitio era remoto, muy muy lejano y difícil de llegar, de modo que hubo de vender muchas de sus posesiones para poder pagarlo, vendió sus colecciones de coches, casi todas sus posesiones, el barco y también el avión. Todo merecería la pena si lograba llegar a este lago y conseguir la felicidad.

En los días siguientes acabó de organizar todo, había tenido que vender casi toda su herencia, y también renunciar al servicio y sus asistentes, pero cada vez estaba más ilusionado y decidido a llegar a aquel lago, bañarse en él, y quien sabe, tal vez quedarse una temporada por allí!!

Llegó el día de la partida y excitado comenzó su viaje en busca de Lago Felicidad.

Pero enseguida las cosas se empezaron a torcer, después de viajar durante varios días a la otra parte del mundo, llegó tarde al puerto de donde partía su barco, de modo que su billete ya no valía y tuvo que comprar otro para el siguiente  barco, era muy caro, el barco no era tan lujoso y no llegaba exactamente donde quería, pero no estaba dispuesto a esperar más, el siguiente barco salía al mes siguiente y esto era desperdiciar mucho tiempo, además de gastar mucho dinero, y como ya no tenía tanto debía administrarlo bien. Todo merecerá la pena cuando llegue al lago, se repetía.

El barco zarpó y se adentró en el océano, y a mitad de viaje sufrieron el ataque de unos piratas. Estos piratas eran personas que no tenían apenas nada, se habían vuelto muy violentos y se dedicaban a asaltar los barcos que pasaban para robar a los pasajeros sus pertenencias. En medio del asalto, el heredero, que había estudiado en escuelas de negocios, negoció con los piratas la liberación del barco, y consiguió que no les hicieran daño y les dejaran en la costa.

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Allí en la costa, sin apenas pertenencias se alegró de conservar el mapa y un fajo de dinero que había conseguido ocultar, de modo que alquiló un coche barato y se echó a la carretera, y continuó con su accidentado viaje. Después de muchos kilómetros, en medio de una larguísima carretera que atravesaba el desierto, el coche que era barato, se averió, allí en medio de ninguna parte el hombre se enfadó mucho, maldijo su suerte, pero hacía mucho calor y allí no se podía quedar, de modo que recordó lo que había aprendido de mecánica con su colección de coches y consiguió arreglarlo, se alegró por haber podido salir del apuro, agarró de nuevo el mapa y siguió su camino.

Finalmente consiguió llegar al siguiente pueblo, ya estaba más cerca de su destino, y de nuevo recuperó la alegría. Era un sitio bastante pobre, pero encontró una posada donde comer y dormir, y por la noche, unos ladrones que lo habían visto pagar con el fajo de dinero asaltaron su habitación para hacerle daño y llevarse todo lo que tuviera. Gracias a su entrenamiento consiguió huir de la posada si apenas sufrir daño, una vez que estaba a salvo, se puso a caminar muy enfadado maldiciendo de nuevo su suerte.

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Pero mientras seguía andando, se dio cuenta de que aun tenía el mapa, y al abrigo de un enorme arbusto se alegró de seguir vivo y tener el mapa, y durmió hasta el día siguiente. Llegó el amanecer y siguió su camino a pié, magullado pero contento de poder continuar, mientras se repetía que cuando llegara al lago todo merecería la pena.

Con estos pensamientos llegó a las puertas de una hacienda, estaba realmente hambriento y tenía mucha sed, de modo que entró en ella y pidió comida y agua, y también un sitio donde poder descansar. Los dueños de la hacienda, que aunque no eran malas personas, estaban muy apegados a sus posesiones y eran muy estrictos, le dijeron que en la vida no había nada gratis, y que se lo tendría que ganar, de modo que le ofrecieron un poco de comida y bebida, pero a cambio de trabajar duramente para ganarla, además le darían algo de dinero también para seguir su viaje.

El heredero se enfadó mucho, pero mirando su vestimenta vieja y desgastada y las magulladuras de su cuerpo, decidió aceptar el trato, quedarse un tiempo y recuperar fuerzas, y luego, con el mapa, proseguir su camino. Como había tenido inmensos jardines, sabía cuidarlos, de modo que se alegró de poder ganarse el sustento y el alojamiento. Y pasó el tiempo y el heredo se recuperó, hizo amistad con el servicio, los jardineros y los cocineros, y todos los viernes salían al pueblo a cenar juntos y celebrar el fin de semana, y el heredero se alegraba de haber encontrado amigos, tal vez en algún momento les hablaría de Lago Felicidad y podrían ir juntos…

Un viernes, al ir a cenar a la posada no había sitio, y hubo de sentarse con una chica del pueblo, comenzaron a charlar de manera animada y la conversación duró hasta bien entrada la noche, y al despedirse quedaron en volver a verse. Esa noche el heredero se acostó contento de haber encontrado a alguien tan especial. Se siguieron viendo los días siguientes, y unas semanas después, estaba decidido, le diría a María, que así se llamaba la chica, lo del mapa, e irían juntos a buscar el lago. Pasaron los meses, y los años, y el heredero formó una hogar con María, y tuvieron una hija que la llamaron Gara, y el heredero, cada día, se acostaba feliz de haber formado una familia.

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Un día trabajando en el jardín, vio a lo lejos a un joven, era bien parecido e iba lujosamente vestido, era el hijo de los hacendados. El muchacho paseaba distraído, y se detuvo a su lado mirándolo con una inmensa tristeza.

– Buenos días, saludó el joven

– Buenos días!, respondió el heredero, perdone señor, pero no he podido evitar fijarme en su triste cara, le pasa algo?, le puedo ayudar?

– No creo que puedas respondió el joven, soy el hijo de los hacendados, siguió, y tengo todo lo que pueda desear, todo esto me pertenece, y muchas haciendas más como estas, pero aun así me siento vacío, no se explicarlo, pero a pesar de todos estos lujos siento que algo me falta, pero no se el qué. De modo que gracias, pero me temo que no me puedes ayudar.

– Siento mucho su situación señor, dijo el heredero con un gesto de comprensión, aquí soy sólo el jardinero, pero viendo su situación, puedo proponerle algo que puede cambiar esto. Soltó la azada con la que trabajaba el jardín, y llevó su mano al bolsillo derecho de su camisa, un bolsillo que estaba cerrado y que había olvidado que estaba allí y que estaba cerrado con varios botones, y al acariciarlo recordó que era allí donde guardaba el mapa.

– Te escucho, dijo el joven sorprendido.

– Alguien que conozco, una vez, me dio un mapa, dijo el heredero mientras seguía acariciando su bolsillo, es un tanto misterioso, pero me aseguró que siguiendo sus indicaciones se llega a un lago que proporciona la felicidad con solo bañarse en él… Y mientras jugueteaba, callado, pensativo, con los botones que cerraban el bolsillo, finalmente con una expresión de paz, muy calmado dijo; Yo ahora estoy bien, de modo que viendo su estado, si quiere se lo doy.

Y el heredero aquella noche se acostó feliz de haber encontrado la felicidad y haberla compartido.

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