Metáfora del león que tenía sed

Un león se aproximó hasta un lago de aguas despejadas y cristalinas para calmar su sed, al acercarse a las mismas, vio su rostro reflejado en ellas y pensó: «¡Vaya, este lago debe ser de este león, tengo que tener mucho cuidado con él!»

Atemorizado se retiró de las aguas, pero tenía tanta sed que regresó a las mismas. Allí estaba otra vez el león. ¿Qué hacer? La sed lo devoraba y no había otro lago cercano. Retrocedió, volvió a intentarlo y al ver al león, abrió las fauces amenazadoras, pero al comprobar que el otro león hacía lo mismo, sintió terror. Salió corriendo, pero ¡era tanta la sed!. Varias veces lo intentó de nuevo, y siempre huía espantado.

Pero como la sed era cada vez más intensa, tomó finalmente la decisión de beber el agua del lago sucediera lo que sucediera. Así lo hizo. Y al meter la cabeza en las aguas ¡el león desapareció!

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