Mitos sobre el suicidio en relación con los supervivientes

Los mitos son criterios equivocados que utilizamos recurrentemente y los aceptamos como verdades absolutas cuando, en realidad, no se basan en ninguna realidad científica. Son perjudiciales porque al creerlos y repetirlos sin cuestionarnos su veracidad contribuyen a divulgar opiniones y creencias que pueden hacer mucho daño, a nivel emocional, psicológico e incluso profesional. Podemos aprender a identificarlos y divulgar otra realidad que puede ayudar de manera significativa a los supervivientes.

Mito 1 – El suicidio es hereditario: Si se sabe que en algunas familias ha habido más de un suicidio se piensa que puede ser hereditario. Este pensamiento repercute negativamente en los supervivientes por el temor a que otros miembros de la familia puedan hacer lo mismo. Sin embargo, en la actualidad no hay estudios que avalen la existencia de un determinismo genético.

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Mito 2 – Ha sido muy valiente / ha sido un cobarde: La conducta suicida es una de las conductas más complejas del ser humano, no se puede reducir a un simple adjetivo. Equiparamos el suicidio a una cualidad reduciéndolo de una manera simplista. Considerarlo como un acto de valentía es un error por la posibilidad de que se convierta en un modelo a seguir. Si lo identificamos con un acto de cobardía, culpabilizamos a la persona fallecida y reducimos nuestra capacidad de comprensión. Sin embargo, el suicida no es un cobarde ni un valiente, es una persona sin esperanza que sufre enormemente y que no sabe o no puede encontrar otra salida, la única forma que encuentra para dejar de sufrir es acabar con su vida.

Mito 3 – Solo se suicidan personas con graves problemas: Es común pensar que para tomar una decisión tan grave, o se tienen problemas personales o económicos o algo muy grave le ha debido ocurrir a la persona. Nos olvidamos de que el suicidio es multicausal, lo que provoca que los familiares y amigos se sientan juzgados y culpabilizados por su entorno. Sin embargo, ni el aparente bienestar económico o social nos ponen a salvo del sufrimiento emocional. Aunque estemos rodeados de amigos y familiares o tengamos buenas relaciones escolares o laborales y mostremos una aparente normalidad, en ocasiones, esta apariencia esconde un sentimiento de gran soledad y un sufrimiento que no podemos o no sabemos compartir con quienes nos rodean.

Mito 4 – Solo se suicidan personas con algún trastorno mental: Cuando no entendemos la conducta del ser humano tendemos a pensar que se debe a algún problema mental. Aunque un alto porcentaje de personas que se suicidan padecían algún trastorno mental grave, no siempre es así. Necesitamos encontrar desesperadamente algún signo de enfermedad para justificar lo que ha ocurrido a nuestro ser querido y al no encontrar respuesta nuestra ansiedad aumenta. Sin embargo, no todas las personas que se suicidan padecen una enfermedad mental, ni todos los enfermos mentales se suicidan, aunque es un importante factor de riesgo.

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Mito 5 – Yo podría haberlo evitado: Es muy normal que el superviviente, al analizar lo sucedido, piense que podría haber hecho mucho más y que podría haberlo evitado, esto provoca que aumentemos nuestros sentimientos de culpa causándonos más daño. Sin embargo, si los expertos, psicólogos y psiquiatras, a veces no son capaces de detectarlo, menos aún una persona sin conocimientos previos sobre suicidio. El grado de ocultación de la ideación suicida con el fin de evitar el rescate, impide la detección y la posibilidad de actuar en consecuencia.

Mito 6 – No volveré a reír ni a disfrutar de la vida: Al principio, el impacto es tan brutal que el pensamiento de lo ocurrido nos acompaña constantemente. Nos invade la tristeza y entramos en estado de desesperanza respecto a la vida y nuestro entorno en general. Aunque, durante mucho tiempo nos resultará imposible sentirnos bien, con la ayuda adecuada aprenderemos a enfrentar esta realidad de una manera más adaptativa.

Mito 7 – «El efecto contagio»: hablar del suicidio en los medios de comunicación provoca suicidios. Algunos medios piensan que es mucho mejor no tratar este tema, pues se les podría acusar de generar un efecto contagio en la población. Silenciar el suicidio, sus causas y sus graves consecuencias impide que se reconozca una realidad constatada estadísticamente. Si no se conoce un problema no se buscan soluciones. Sin embargo, las muertes por suicidio superan a las de los accidentes de tráfico desde hace una década. Además, una cobertura mediática seria y correcta del suicidio en los medios de comunicación, sin ninguna duda, tendría un efecto positivo ya que alienta a las personas a pedir ayuda.

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