Metáfora del jardín y de las malas hierbas

Imagina que acabas de comprar una casa nueva, y el jardín está por hacer. Es lo que siempre has soñado: ¡tener tu jardín! Imaginas las flores y plantas que pondrás. Lo tienes muy claro. Haces el diseño del jardín y decides en que lugar poner flores, arboles, el banco para descansar y leer, alguna farola, y…¡el sonido del agua de una pequeña fuente!

Ya terminado, diariamente, disfrutas de tus flores, pasando más tiempo en el jardín que en la casa, pero aparece un problema, junto con tus flores salen malas hierbas. Inmediatamente las quitas, pero una y otra vez vuelven a salir, da la impresión que, cuanto más luchas contra ellas con más fuerza salen, y además de más tipos. Consultas a muchos especialistas, pero sus remedios parecen que funcionan algo… pero al poco tiempo vuelven a aparecer las malas hierbas.

flowers-3571119_1920

Llega un momento en que cada día te levantas con esa obsesión, pensando en las malas hierbas y en cómo combatirlas, en lugar de disfrutar de las plantas hermosas; además, tus propias flores y plantas se van deteriorando poco a poco por falta de atención. Terminas por no salir al jardín.

Un planteamiento más eficaz, más realista y más acorde con lo que para uno es valioso sería aceptar que en el jardín pueden coexistir hermosas plantas junto con malas hierbas, y que en todo caso parece perjudicial empeñarse en arrancar una y otra vez las malas hierbas sin… ¡cuidar y disfrutar de las cosas hermosas del jardín!

Consulta de psicologia en Madrid