COVID-19 y problemas de salud mental

Según la OMS, tras más de 1 año de pandemia por COVID-19, los problemas de salud mental han aumentado en Europa, especialmente los niveles de ansiedad y estrés. Varias encuestas muestran que 1 de cada 3 adultos y 1 de cada 2 jóvenes reportan niveles de angustia.

Los problemas de salud física, los episodios repetidos de confinamiento, los periodos de autoaislamiento tras el contacto con personas con COVID-19,el distanciamiento social y el miedo a contraer la enfermedad, la dificultad en la conciliación con la vida personal, los cambios de hábitos, los problemas laborales,…, son fuentes de estrés que han afectado a personas de todas las edades y empiezan a pasar factura a la salud mental de la población.

Avanzado el plan de vacunación frente a la COVID-19, los expertos advierten que una nueva pandemia se avecina, se trata de la pandemia “psicológica”, derivada de los estragos que ha causado en la salud mental de la población esta emergencia sanitaria mundial sin precedentes.

En España, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en este primer año de pandemia, un 6,4% de la población ha acudido a un profesional de la salud mental por algún tipo de síntoma, un 43,7% por ansiedad y un 35,5% por depresión.

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Los grupos más afectados por el impacto psicológico de la pandemia son los jóvenes, que han tenido que sobrellevar el aislamiento durante un periodo vital en el que las relaciones sociales y el grupo de pares ocupan un lugar esencial para el desarrollo de su identidad personal, las mujeres, más expuestas a situaciones de violencia, y los profesionales sanitarios, los técnicos, los miembros de las fuerzas de seguridad y los trabajadores de los servicios esenciales, que han estado ofreciendo una primera línea de respuesta con altos niveles de estrés, sobrecarga laboral y de amenaza para su integridad física.

A estos grupos, se suman ahora los nuevos pacientes con “COVID persistente”, un síndrome que se caracteriza por la presencia de síntomas persistentes semanas o meses después de la infección inicial o por la aparición recurrente de síntomas después de un tiempo sin ellos, y que se estima que está presente en una de cada 10 personas a las 12 semanas tras la infección. Algunos de los síntomas asociados a esta COVID-19 son de tipo psicológico o neurológico, tales como cansancio, malestar general, “niebla mental”, dificultad para concentrarse, alteraciones del estado de ánimo,…, todo ello genera un miedo intenso y una gran incertidumbre y desesperación, por lo que el tratamiento en salud mental se puede considerar como un aspecto clave para la recuperación.

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